martes, 8 de julio de 2014

Degustar la vida

Si hay un detalle que más me llame la atención de la vida, es la gran cantidad de cosas que podemos hacer en un corto período de tiempo. Tal y como decía el ex Beatle John Lennon, “la vida es aquello que va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”. Es sorprendente la gran variedad de experiencias que una persona puede llegar a vivir, independientemente de la edad que ésta tenga: hay personas que, con dieciséis años, han vivido las experiencias equivalentes a las que viviría una persona de mayor edad. Y al contrario, hay personas de dieciséis años que, a lo largo de su vida, han vivido pocas experiencias. No es un detalle en absoluto importante, de hecho hay que destacar que, por estas edades (especialmente por la época de la adolescencia), nos estamos preparando para empezar a vivir de verdad: la infancia y la adolescencia son, por así decirlo, “edades preparatorias”. Al menos, es así como lo siento yo, a mis dieciséis años. Desde mi punto de vista, creo que vivimos la vida a una velocidad vertiginosa, sin apenas pestañear. Los adolescentes somos muy impulsivos y, si hay algo que queremos hacer, es conseguir lo que queramos a toda prisa, como si mañana se fuese a acabar el mundo. Por otro lado, no nos importa en absoluto lo que tengamos: pensamos que el jardín de los demás es mucho mejor que el nuestro, y eso nos duele, porque no nos gustamos: nuestra forma de ser, el estilo de vida que llevamos… pero, ¿y si tuviésemos el jardín de los demás? ¿Estaríamos más contentos? Lo más probable, tal y como nos sentimos en la adolescencia, es que nos sintamos igual. Nada cambia, porque en la adolescencia nadie, ni siquiera la persona más popular y con mayor número de amigos, está satisfecha.



Nos empeñamos en vivir muy deprisa, cuando la vida es como una receta de cocina: si probamos un plato culinario y lo degustamos lentamente, podemos percibir su textura y su sabor. En cambio, si lo engullimos, no podemos percibir esos detalles. La vida es exactamente igual: si vivimos demasiado rápido, no nos percataremos de la cantidad de cosas maravillosas que podemos experimentar ahora y no en otro momento de nuestra vida. Todo llega, tenemos un futuro por delante en el que podemos experimentar con tranquilidad todo tipo de vivencias.  El presente es más importante que el futuro, porque son los peldaños que nos llevan hasta él: el futuro depende del presente. Vive y deja vivir. 

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