sábado, 30 de diciembre de 2017

Y, mientras tanto, miro las modas pasar

 Probablemente muchas personas, conociéndome en mayor o en menor grado, consideren que yo sea alguien aburrido; y es que seguir las modas está a la orden del día. Yo, personalmente, soy muy selectiva a la hora de seguir una tendencia u otra, fundamental y naturalmente por respeto y amor a mí misma.

 A lo largo de mi vida he probado muchas, y algunas de ellas no me causaron satisfacción ni me llenaron como persona, como salir de Nochevieja: lo que veía asombroso y maravilloso a los catorce años, con diecisiete lo vi, ni más ni menos, que como otro día cualquiera, en el que quienes festejan se atavian con sus mejores prendas y salen a la calle a celebrarlo, bailando y/o bebiendo (algunos, hasta emborrachándose). Francamente, para mí fue una anécdota más: lo que sucede en Nochevieja puede tener lugar en cualquier otro día del año, y yo soy capaz de divertirme sin necesidad de cogerme una cogorza y realizando otras actividades más tranquilas (ir a tomar un café, ver el programa musical de La 1...). No obstante, vivir estas experiencias, a pesar de que no me hayan resultado del todo gratificantes, me ha permitido conocerme más a mí misma, y en ese aspecto sí agradezco haber tenido la oportunidad de intentar disfrutarlas.


 Otras costumbres que siguen perviviendo en la sociedad actual son más trascendentales, y entre ellas podría situar a la decoración de la piel: los tatuajes y los piercings gozan de mucho éxito. Sin embargo (y en algunos casos) pueden llegar a ser motivo de arrepentimiento, y luego la solución es mucho más difícil, a pesar de los tratamientos láser que se están patentando para eliminarlos. No he tenido (ni tengo) necesidad de perforarme o inyectarme tinta en un área de mi cuerpo para llegar a la conclusión de que no me agrada: prefiero llevar pendientes en los lóbulos de las orejas y que mis tatuajes sean lunares, recuerdos, experiencias y cicatrices (físicas o psíquicas), porque así sé que no me arrepentiré de haberlos tenido, y, sobre todo, de haberlos vivido. Quiero que los momentos y lecciones de la vida dejen una huella indeleble de la que me sienta orgullosa de exhibir, y eso es una tarea que el tatuador no puede desempeñar. 

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