sábado, 2 de junio de 2018

París

De exuberante belleza eres,
al mundo a tus pies tienes.
Como una estrella brillas;
tanto,
que hasta al más indiferente encandilas.

Todos se mueren por acompañarte:
te desean, te aclaman,
y tú, creyéndote obra de arte,
les restriegas tu fama.
Eres, ante todo,
una diosa muy poderosa.

Sin embargo, tienes también tu lado oscuro,
ese que guardas en lo más profundo,
y que, solo unos pocos, pueden ver.
Y es que muchas veces,
lo bello radica tan solo en su apariencia:
es innegable que seas físicamente hermosa,
pero discutible que seas amorosa.

"Siempre nos quedará París",
suspiran quienes se han olvidado de sus orígenes.
"París es la ciudad del amor",
reza el tópico habitual.
Sí, todo ello paladeado es muy bonito;
pero ¿qué es lo que se encuentra
tras la Torre Eiffel, los Campos Elíseos,
Notre-Dame y el Sena?
¿Qué se oculta en el Trocadero,
en Montmartre y en Montparnasse,
en las Tullerías y en Concordia?

Tras un telón de elegancia y encanto,
se vislumbran tenebrosas sensaciones:
personas que muestran indiferencia
ante lo propio y lo ajeno;
personas de porcelana, intocables,
que te apuñalan despiadadamente
y dejan desangrarte hasta la muerte.
París esconde e inspira violencia en sus rincones,
pero también desprende un olor a maldad y falsedad.

Y es que París es una belleza delicada,
pero también hipócrita, engañosa.