domingo, 11 de noviembre de 2018

Reemprendiendo el vuelo

Ir cayendo,
lentamente,
al precipicio,
sin ninguna salida
más que la caída
a un océano de lágrimas y dolor.
Llega un momento
en que, de tanto aguantar el chaparrón,
caes en un perpetuo diluvio.

Y no te reconoces:
eres diferente ante la gente,
pero no le das importancia
porque, a fin de cuentas,
los hechos te cambian.
Hasta que, quienes de verdad te quieren,
te abren los ojos,
y empiezas a ver
que enterraste
al tú anterior al incidente.

Es en ese instante
cuando te percatas
de que no has hecho las paces
del todo con tu pasado;
de que te has convertido en otro ser
melancólico, temeroso,
hipersensible, huidizo.
Y, de repente,
te sientes lo suficientemente fuerte
para reemprender el vuelo
y volver a ser
ese tú que antes conocías;
lo suficientemente fuerte
para dejar atrás
todo lo que te hería
y convertirte en una nueva
(y auténtica)
versión de ti mismo.